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Reinterpretaciones erróneas



Reinterpretaciones erróneas

Un objeto descartado carga una condena: fue programado para dejar de servir. La obsolescencia no es un accidente del capitalismo, es su combustible. Un mecanismo muere no porque se rompa, sino porque deja de ser rentable seguir reparándolo, y en ese instante pasa de mercancía a basura, de valor a desecho.

Este proyecto interviene esa condena.

Recupero estos mecanismos "muertos" (motores, engranajes, placas, luces) de una arqueología urbana cotidiana, y los fuerzo a funcionar de nuevo, pero mal, fuera de su propósito original. Ese "error" funcional es un acto de desobediencia: el objeto vuelve a moverse, a encenderse, a tener presencia, no para producir sino para simplemente estar. Ya no rinde cuentas a la eficiencia ni a la utilidad; se vuelve inútil de una manera nueva, y en esa inutilidad recupera algo que el mercado le había quitado.

En estas instalaciones, ese descarte tecnológico se convierte en soporte de microcosmos naturales: terrarios y ecosistemas encapsulados que crecen entre engranajes y circuitos que ya no circulan nada. La máquina, despojada de su función productiva, se transforma en un organismo torpe que acompaña, o apenas mueve, la silenciosa resistencia de la vegetación. Ahí donde el capital vio el final de un ciclo de consumo, la obra propone otro: uno donde el desecho no desaparece ni se recicla en el sentido industrial, sino que se resignifica, se le devuelve dignidad de materia viva.

Estas construcciones no son monumentos a la basura: son paisajes imaginarios y distópicos, donde la naturaleza reclama terreno entre los circuitos y donde lo que la lógica productiva declaró inservible se convierte en el cimiento de otra forma de existir. La basura, aquí, deja de ser el final de la cadena y pasa a ser el punto de fuga.

(Proyecto iniciado en 2023, en evolución continua)

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